¿Hacia un resurgimiento del cristianismo?
Occidente sigue siendo cada vez más secular, pero algunos indicios sugieren un cambio de clima

El año pasado, una encuesta de YouGov en el Reino Unido provocó un notable revuelo. Según sus resultados, el 12% de los adultos en Inglaterra y Gales acudía a la iglesia al menos una vez al mes en 2024, frente al 8% registrado en 2018. Más llamativo aún: entre los jóvenes de 18 a 24 años, la asistencia habría pasado del 4% al 16%.
Para algunos, aquello fue interpretado como la señal de un posible regreso de la fe en Occidente, un «renacimiento silencioso» que desafiaba décadas de secularización. Pero el entusiasmo duró poco. El informe ha sido retirado después de que la propia empresa reconociera fallos metodológicos graves: no se habían activado «tecnologías clave de control de calidad», lo que comprometía la fiabilidad de los resultados. En otras palabras, la encuesta estaba contaminada por respuestas falsas, explica el digital británico UnHerd.
La rectificación desinfló la narrativa que estos datos habían alimentado. Pero el propio medio advierte contra conclusiones precipitadas. Aunque «deberíamos ser muy cautos al poner nuestra fe en encuestas y sondeos, especialmente cuando se alinean con nuestros deseos más profundos», descartar que algo esté cambiando en la relación con lo religioso «no hace justicia a lo que realmente está ocurriendo».
Un fenómeno complejo
Otros indicadores, menos espectaculares pero más consistentes, apuntan en la misma dirección. El diario Le Figaro informa de «un aumento continuo de bautismos de adultos» en Francia, con más de 20.000 personas previstas para la vigilia de Pascua. El fenómeno no sería aislado: España muestra una tendencia similar, y países como Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca registran un creciente interés, especialmente entre hombres jóvenes.
También en Europa oriental, numerosas parroquias ortodoxas observan un aumento de catecúmenos jóvenes. En el Reino Unido, la diócesis de Westminster «está a punto de registrar su mayor número de conversos en 15 años». Incluso algunos indicadores comerciales apuntan en la misma dirección: las ventas de Biblias han pasado de 2,7 millones de libras –unos 3,1 millones de euros– a más de 6,3 millones entre 2019 y 2025.
«Ninguna de estas cifras equivale a un “renacimiento” del cristianismo», matiza UnHerd, pero constituyen «datos fiables que sugieren que algo está ocurriendo». Ese «algo» parece tener menos que ver con un retorno masivo que con un cambio de sensibilidad. «Un vibe shift –un cambio de clima– es difícil de cuantificar», admite el medio, «pero ha habido una transformación indudable en la forma en que la gente habla públicamente de la fe». Más que un aumento abrupto de la práctica, se trataría de una modificación del tono, de la legitimidad y del lugar que ocupa lo religioso en el espacio público.
Un trasfondo político
Este cambio, además, no se produce en el vacío. «No es ningún secreto que el giro religioso se solapa con un cambio político más amplio», señala UnHerd, en alusión al auge de corrientes como el nacionalismo cristiano. De ahí la advertencia: «Siempre que el cristianismo se acuesta con la política –ya sea de izquierdas o de derechas–, el resultado suele ser desastroso». El riesgo de instrumentalización, sugiere el medio, es mayor que el propio declive: ser «cooptado por actores políticos cínicos sería una catástrofe mayor que un informe defectuoso».
El diagnóstico apunta a un malestar más profundo. «El hilo común es que la gente está buscando identidad». En ese contexto, «el humanismo secular dominante no ha logrado cumplir sus promesas», mientras que el entorno tecnológico intensifica la desorientación: «Estamos siendo atomizados por tecnologías diseñadas para polarizarnos, mientras la inteligencia artificial amenaza con sustituir relaciones humanas».
La consecuencia no es un retorno ordenado a la religión, sino una búsqueda dispersa. «No es de extrañar que muchos hayan empezado a buscar una historia mejor». Según testimonios recogidos por la revista, «el hambre espiritual está llevando a más personas a las puertas de las iglesias».
El resultado es una paradoja persistente. Las estadísticas agregadas siguen mostrando que la Iglesia continúa encogiéndose, pero ese descenso «podría estar desacelerándose». «Si un verdadero renacimiento cristiano llega a producirse, no necesitaremos una hoja de cálculo para saberlo», concluye UnHerd. «Será evidente».