A bordo del MV Hondius, una espera traumática

El brote de hantavirus en el crucero antártico activa una carrera sanitaria con sabor a Covid-19

A bordo del MV Hondius, una espera traumática
El Hondius está especializado expediciones polares para turistas. Foto: Stefan Brending | CC
Página Internacional

«No somos infecciosos. El barco es seguro», dijo hace dos semanas un responsable del MV Hondius en un vídeo citado por The Wall Street Journal. A bordo, escribe el diario, los pasajeros siguieron comiendo en bufés, mezclándose entre ellos, mirando las estrellas y asistiendo a conferencias. También «ofrecieron consuelo y condolencias» a la viuda del pasajero que había muerto.

Casi quince días después de aquella primera muerte, treinta pasajeros desembarcaron en Santa Elena, el diminuto territorio británico del Atlántico donde Napoleón pasó sus últimos días. Algunos volaron después a Johannesburgo y desde allí se dispersaron por el mundo. Esa escala, escribe el periódico neoyorquino, «ha desatado una carrera global para rastrear quién fue adónde y contener una forma oscura de virus transmitido por ratas que rara vez se propaga entre humanos».

El brote ha dejado, hasta ahora, tres muertos y una decena de infectados o casos sospechosos. Según The Guardian, un pasajero permanece en cuidados intensivos en un hospital sudafricano, tres fueron evacuados del barco y otro hombre que había abandonado antes el crucero dio positivo en Suiza.

«La búsqueda sanitaria de los pasajeros del Hondius y de cualquiera con quien hubieran tenido contacto estrecho –lo que se conoce como rastreo de contactos– es crítica para limitar el impacto del contagio», resume The Wall Street Journal. Las autoridades necesitan, además, averiguar dónde y cómo emergió la rara cepa andina del virus.

El virus que no debía estar ahí

El hantavirus no era el sospechoso evidente. «Es una fuente improbable de contagio en un crucero», escribe The Wall Street Journal. No se transmite entre humanos tan fácilmente como el covid o la gripe. Pertenece a una familia de virus «transportados por roedores» y suele pasar a las personas por contacto con «orina, excrementos o saliva infectados».

«Solo una cepa –el virus Andes– ha mostrado evidencias limitadas de transmisión de persona a persona», explica el diario estadounidense. Pero investigadores en Sudáfrica y Suiza han confirmado esta semana que el virus implicado en el presunto brote pertenece precisamente a esa cepa.

Steven Bradfute, inmunólogo de la Universidad de Nuevo México citado por el medio, matiza el riesgo: la transmisión humana del virus Andes exige «un contacto muy estrecho», como compartir comida o alojamiento. «No se propaga en brotes enormes», afirma. La OMS y otras autoridades sanitarias insisten en que la amenaza para la salud pública es baja.

Pero baja no significa irrelevante. En un barco, la vida se comprime: camarotes compartidos, comidas comunes, tripulantes que atienden a enfermos. «Probablemente es la tormenta perfecta de un contagio que entra en el contacto adecuado para un grupo confinado», dice Jeffrey SoRelle, patólogo de la Universidad de Texas Southwestern.

Un avión y una carrera contra el tiempo

El servicio de salud pública de los Países Bajos tiene ya «en el radar» a los 300 pasajeros del vuelo de KLM en el que estuvo «durante un breve tiempo» una mujer que más tarde murió de hantavirus. La mujer, de 69 años, estaba tan enferma que finalmente no voló a Países Bajos. Murió en un hospital de Johannesburgo. Según el medio neerlandés NRC, la tripulación y algunos pasajeros reciben llamadas diarias de los servicios sanitarios para vigilar su estado de salud, porque ayudaron a la mujer durante el episodio.

Las preguntas centrales de la investigación se dirigen ahora hacia Argentina, el país desde el que partió el crucero hacia la Antártida. Las autoridades argentinas «corren para determinar si su país es la fuente» del brote, destaca The Guardian. El país, recuerda el diario británico, aparece de forma constante en los registros de la OMS como el país con mayor incidencia de hantavirus en América Latina.

Un país más tropical

El Ministerio de Salud argentino informó el martes de 101 infecciones por hantavirus desde junio de 2025, «aproximadamente el doble que el año anterior». El virus Andes, presente en Sudamérica, puede causar un síndrome pulmonar grave y a menudo mortal. Según el ministerio argentino citado por Clarín, la enfermedad provocó la muerte de casi un tercio de los casos en el último año.

Investigadores de salud pública en Argentina apuntan al cambio climático como acelerador del riesgo. «Las temperaturas más altas amplían el rango del virus», explica The Guardian, porque los ecosistemas cambian y los roedores portadores pueden prosperar en más lugares.

«Argentina se ha vuelto más tropical por el cambio climático, y eso ha traído disrupciones, como el dengue y la fiebre amarilla, pero también nuevas plantas tropicales que producen semillas para que proliferen los ratones», afirma Hugo Pizzi, infectólogo argentino citado por el diario. «No hay duda de que, con el paso del tiempo, el hantavirus irá a más».

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