El país con más viejos del mundo
Con el 30% de la cifra global de enfermos de Alzheimer, Pekín busca liderar la investigación y el tratamiento de la demencia

China afronta una tormenta silenciosa: millones de nuevos casos de deterioro cognitivo cada año y una de las poblaciones que envejece más rápido del mundo. Ante ese panorama, el Gobierno ha decidido convertir la investigación y el tratamiento del Alzheimer en una prioridad nacional. «Casi el 30% de todas las personas en el mundo con Alzheimer o demencias relacionadas viven en ese país», señala la revista científica Nature.
El desafío no es solo sanitario, sino también económico y sistémico. Con la natalidad en caída y el envejecimiento acelerado, «la carga sobre el sistema sanitario se multiplicará dramáticamente en las próximas décadas», advierte la publicación. A mediados de siglo, el país espera contar con más de 66 millones de personas afectadas por algún tipo de deterioro cognitivo.
Pekín ha lanzado programas específicos para mejorar el cribado, el diagnóstico y el tratamiento de aquí a 2030. La investigación, apunta Nature, «ha empezado a despegar», con apoyo a nuevos fármacos y técnicas quirúrgicas innovadoras. Aunque la inversión todavía no alcanza los niveles de Estados Unidos, el «ritmo creciente y la mejora en la calidad» han captado la atención internacional. «Quizá China sea el próximo país en tomar la delantera», afirma la revista.
Detectar 15 años antes
Weihong Song, que regresó desde Canadá para dirigir un laboratorio en Wenzhou, ha impulsado un centro con «más de 800 científicos y 1.200 millones de dólares» de financiación local. Uno de los focos de la investigación china es el sistema «glinfático», responsable de eliminar residuos del cerebro mediante su drenaje.
Un equipo informó de «mejoras en pruebas cognitivas» en algunos pacientes, pero el entusiasmo también ha generado excesos. «Algunos hospitales han exagerado sus beneficios», reconoce un cirujano, y en julio de 2025 la Comisión Nacional de Salud prohibió el uso de ciertas técnicas experimentales fuera de ensayos clínicos formales.
La prevención es otro frente estratégico. La bióloga Nancy Ip ha creado un biobanco con «6.000 personas» de ascendencia china. Su equipo identificó una variante del gen TREM2 asociada a «mayor riesgo» de Alzheimer y a una «progresión más rápida» de la enfermedad. Según sus investigaciones, sería posible detectar indicios hasta «15 años antes de los síntomas». «Cuando los pacientes acuden al médico ya están en fase moderada o tardía», advierte.
Una prueba de fuego
Pero la ciencia no borra la dimensión social del Alzheimer. The Economist recoge el temor de Zhang, de 90 años: «Lo más terrible es sentirse siempre solo» y dejar de reconocer a la propia familia. En distritos piloto como Gongshu, en el este del país, se ensayan centros comunitarios especializados y señalética adaptada. El reloj demográfico apremia: a mediados de siglo, China prevé tener «más de 500 millones de personas mayores de 60 años».
El desafío, sin embargo, es profundamente desigual. «La demencia no figura entre las enfermedades crónicas cubiertas por los seguros públicos», subraya el semanario. El fármaco lecanemab, aprobado en enero, cuesta «hasta 200.000 yuanes al año» –unos 25.000 euros– y «será inasequible para la mayoría». Las pensiones urbanas medias rondan los 3.600 yuanes –unos 450 euros al mes– más del doble que las de las zonas rurales. Así, la demencia «amenaza con ensanchar la brecha rural-urbana». En un sistema que durante décadas «ha dado por sentado el trabajo gratuito de los mayores y de las hijas», la enfermedad «pondrá a prueba el modelo hasta sus límites».