Soy psiquiatra. Y estoy escuchando algo inédito entre las adolescentes
Una generación ha aprendido a explicar sus emociones mediante diagnósticos. Entenderla exige no tomarlos siempre al pie de la letra
Hace varios años, empecé a notar un fenómeno nuevo cuando algunas adolescentes y mujeres jóvenes acudían a mi consulta por primera vez. Antes, a las pacientes les aterraba la idea de que les dijera que algo andaba mal en ellas. Ahora, estas jóvenes me anunciaban sus diagnósticos –trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastorno obsesivo-compulsivo, ansiedad, depresión– casi antes de decirme su nombre.
Habían investigado sus síntomas en Instagram, habían completado cuestionarios sobre el tema en TikTok y habían contrastado sus dolencias con las de sus amigas. Pasaba con todas: desde estudiantes de cine de voz rasgada hasta entregadas atletas de instituto; desde delegadas de clase hasta chicas que se saltaban las clases; desde jóvenes que pasaban el fin de semana en los Hamptons hasta chicas que tenían que trabajar para ganarse su propio dinero. Las pacientes de esta nueva ola hablaban con jerga terapéutica sin haber pisado jamás una consulta.
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