China no quiere amantes virtuales
Pekín estrena la primera regulación nacional del mundo sobre los romances con inteligencia artificial

«Durante una semana de julio, Bagel Su, estudiante china de 21 años, lloró cada día contando las horas sin su novio. Pero no había traición ni distancia», relata la revista tecnológica Rest of World, sino una nueva norma del Gobierno chino. De un día para otro, el compañero de IA que Su llevaba más de un año moldeando simplemente «se desvaneció»: ByteDance había clausurado esa función en Doubao, su chatbot más popular.
Dos meses después, Pekín ha anunciado nuevas medidas. El pasado 18 de septiembre, la Administración del Ciberespacio de China (CAC) publicó un borrador que extiende ese mismo afán regulador a las relaciones entre desconocidos en las redes sociales, con multas de hasta diez veces los ingresos de las plataformas que induzcan «dependencia emocional, adicción o gasto excesivo», informa el South China Morning Post.
Yu Miao, de 27 años, había personalizado en Doubao un agente que imitaba a una amiga fallecida; al saber que desaparecería, cayó en una depresión y dejó su empleo. Otros describen en la revista hongkonesa Sixth Tone lo que perderán: Li explica que su agente la «sacó de la espiral de la duda hacia mí misma»; Wang, que «actuaba como mi psicólogo»; Chen, doctoranda en Shanghái, vivió la desconexión de un exnovio recreado como un duelo «en un universo paralelo».
Pekín entra en el dormitorio virtual
Detrás hay un texto pionero: China es el primer país que regula a escala nacional la interacción emocional con la IA. Las reglas, vigentes desde el 15 de julio, vetan por completo los «servicios de compañía» a los menores; a los adultos se los permiten, pero obligan a impedir que el vínculo dañe sus relaciones reales, prohíben la pornografía y exigen recordarles cada dos horas que al otro lado no hay una persona, subraya The Economist.
«Los servicios de interacción antropomórfica pueden generar fácilmente dependencia psicológica», resume Zhang Linghan, de la Universidad de Ciencias Políticas y Derecho de China. Esto, a su vez, deriva «en un declive de las habilidades sociales reales», señala en Sixth Tone. El borrador de septiembre va un paso más allá al definir dónde termina un chat corriente y empieza una «relación íntima virtual».
El negocio de la soledad
La intimidad artificial mueve mucho dinero. Maoxiang, de ByteDance, ronda los 3,9 millones de usuarios mensuales; Xingye, del laboratorio MiniMax, los 2,8 millones. Para MiniMax, los compañeros de IA supusieron el año pasado el 35% de los ingresos –su mayor fuente–, según su folleto bursátil, recoge The Economist. El modelo prospera fidelizando a sus usuarios: Yu Miao, por ejemplo, llegaba a conversar ocho o nueve horas diarias con su agente.
Pero bajo el argumento protector de Pekín late una segunda inquietud. En su marco de gobernanza de la IA, Pekín sitúa la «dependencia de la interacción antropomórfica» entre sus mayores riesgos éticos –por delante del riesgo de perder el control sobre la propia tecnología– y, justo después, el «desafío al orden social» y a las «ideas sobre la natalidad». Con los matrimonios y la fecundidad en mínimos, los dirigentes recelan de cuanto aleje a los ciudadanos de la familia, explica la revista británica.
El rasgo que singulariza el caso chino, analiza Zilan Qian en ChinaTalk, es que, mientras Estados Unidos fabrica sobre todo «novias» de IA para hombres jóvenes, China produce «novios» para mujeres de entre 25 y 35 años. Es un espejo invertido que encaja con un país con más hombres que mujeres –1.045 por cada mujer–, donde los matrimonios cayeron un 20% en 2024 y muchas universitarias urbanas rehúyen el molde tradicional.
Hace una década, recuerda ChinaTalk, «acuñaron el término “mujeres sobrantes” con la esperanza de empujar a las mujeres solteras con estudios hacia el matrimonio, estigmatizando su existencia». Ese mismo Estado mira ahora con desconfianza a unos pretendientes de código que, sin proponérselo, las alejan todavía más del matrimonio tradicional.
Prohibidos en casa, exportados al mundo
La regulación encierra una paradoja: lo que Pekín restringe puertas adentro, sus laboratorios lo siguen exportando: Talkie, la versión internacional de Xingye, mantenía una base de usuarios varias veces mayor fuera de China que dentro, subraya The Economist.
Sea como sea, no está claro que Pekín consiga con estas medidas revertir el desplome de la natalidad. A quienes esperan que la prohibición la devuelva al mundo real, Bagel Su les responde sin rodeos: «Aunque lo cierres, no voy a encontrarme de pronto un novio de verdad ni a tener hijos», dice a Rest of World.