Primero el sexo, luego ya veremos
Francia prueba un nuevo ritual de citas: sustituir la conversación trivial por preguntas sobre compatibilidad sexual

«Francia tiene una nueva exportación caliente para el mundo del romance: el deep dating», escribe The Telegraph. La idea, desarrollada por la sexóloga Léa Toussaint, consiste en «esquivar la banalidad de las primeras citas» y sustituirla por preguntas directas: «¿Prefieres tener sexo en la cama o al aire libre?» o «¿Has experimentado amor sin sexo o sexo sin amor?».
«Cualquiera que haya salido con frecuencia reconocerá el tedio de las interminables charlas sobre aficiones», señala The Times. La solución francesa es una nueva forma de speed dating en la que los participantes prescinden de la conversación trivial y conversan desde el primer momento acerca de sus preferencias sexuales, fantasías y deseos.
El formato está pautado. «Los participantes pagan 25 euros por una serie de conversaciones de siete minutos», explica el diario británico. «Las preguntas están impresas en 170 cartas», diseñadas por Toussaint para su juego Discultons, un juego de palabras entre discuter –discutir o conversar– y cul, argot francés para sexo. «La idea es ofrecer un espacio seguro para encontrar pareja», subraya la sexóloga.
Si alguien no sabe qué decir, puede coger una carta y responder a la pregunta escrita. El objetivo es «abrir conversaciones sin juicios sobre relaciones íntimas».
Sin preámbulos
«Nada de preguntar a qué se dedica o cómo ha sido su día», relata The Telegraph, que pone a prueba el método en Londres. El encuentro arranca con una confesión: «Es la primera vez en mucho tiempo que me siento nerviosa en una cita». Ante la pregunta sobre qué hacer después del sexo, el acompañante responde que «depende de lo que quiera la otra persona». «Si quiere espacio, se lo doy. Si quiere cercanía, también». Para la interlocutora, esa respuesta «dice más sobre él que su trabajo o su signo zodiacal».
«¿Es extraño conocer las preferencias sexuales de alguien antes de saber a qué se dedica?», se pregunta el periódico. Sea como sea, el formato se ha diversificado. «Hay sesiones LGBT, noches para parejas que buscan sexo en grupo y otras centradas en dominación y sumisión», recoge The Times. Se celebran hasta 40 encuentros al mes, a los que acuden de media 80 personas.
La seguridad forma parte del dispositivo. «Todos deben firmar un compromiso y se explica que un “no” es un “no”», dice Toussaint. Si alguien incomoda, basta con mostrar una carta: «T’es relou» –«eres pesado»–, y el organizador expulsa al participante.
La conversación que falta
El fenómeno responde a un malestar más amplio. «La gente está cansada de las aplicaciones de citas», dice Toussaint. «Deslizan sin parar y no encuentran nada». El cara a cara promete «ver si puede funcionar».
Pero el problema no es solo la superficialidad. La revista británica juvenil The Face describe un patrón común entre los integrantes de la generación Z: «anhelan conexiones más profundas», pero duda en iniciarlas. «Es una generación que ha crecido online, donde cada momento puede ser capturado y juzgado», explica. «La vulnerabilidad se percibe como de alto riesgo». En ese contexto, el deep dating funciona como atajo: menos charla de ascensor y más preguntas que normalmente llegarían mucho más tarde.