Ser hijo de un soldado muerto
La tecnología reproductiva permite a los combatientes fallecidos tener descendencia. Pero abre un dilema ético

El 7 de diciembre de 2023, la primera noche de Janucá, Sharon Eisenkot, de 51 años, oyó llamar a la puerta con el sonido que teme todo progenitor israelí con un hijo en el ejército. Los soldados habían ido a informarle de que su hijo Maor, de 19 años, había muerto en combate en Gaza. El ejército le ofreció la posibilidad de extraer y congelar el esperma de su hijo mediante un procedimiento conocido como extracción de esperma post mortem (EEPM). Eisenkot, madre de tres hijos, dio su consentimiento.
Durante la guerra de Gaza, los centros médicos israelíes estuvieron de guardia las 24 horas para realizar la EEPM. Cuatro clínicas de fertilidad se encargan de atender la demanda y de ajustarse a una ventana muy estrecha: hay unas 72 horas para extraer esperma viable tras la muerte. Aunque el procedimiento y el almacenamiento están financiados por el Estado, un tribunal de familia local debe autorizar después el uso de ese esperma para concebir.
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