Sin sexo desde el 411 a.C.

La huelga sexual femenina ha sido, desde la Grecia clásica, una forma de resistencia política

Sin sexo desde el 411 a.C.
Fotograma de la película libanesa '¿A dónde vamos ahora?', una reinvención contemporánea de la comedia Lisístrata, estrenada en 2012.
Página Internacional

En Francia, miles de mujeres han optado por renunciar al sexo y al amor heterosexual. No por desinterés ni por pudor, sino como un acto de emancipación, explica Le Monde. «Siempre caía en la misma trampa: primero la ilusión del encuentro; después, la decepción cuando mis parejas guardaban en el cajón su falso feminismo en cuanto la relación se volvía oficial. Entonces me cansé», cuenta Alexandra, abogada marsellesa de 30 años.

Esta joven, que dice haber sufrido un dating burn-out, decidió apartarse de las relaciones afectivas con el sexo opuesto. «Fue la mejor decisión de mi vida», asegura. Alexandra se unió al movimiento Boy Sober –abstinencia de hombres–, una corriente de desintoxicación sentimental popularizada en TikTok. «Por fin tengo espacio para mí. Ya no vivo orbitando alrededor de hombres que, en el mejor de los casos, nos desprecian y, en el peor, nos odian».

Pero la decisión de romper con el sexo opuesto no siempre nace de una mala experiencia. «No se trata de decir que todos los hombres son unos sinvergüenzas. Simplemente, ellos son menos propensos que nosotras a esforzarse para que la relación sea equilibrada. Después de décadas cuidando a los demás, ahora quiero cuidarme a mí misma», explica una escritora.

De Lisístrata a París

Este movimiento de autoafirmación a través de la abstinencia sexual hunde sus raíces en una larga tradición de resistencia femenina. «Ya en el 411 a. C., Aristófanes imaginó a las mujeres de Atenas negándose a acostarse con sus maridos hasta obtener derechos», recuerda la historiadora Michelle Perrot, aludiendo a la comedia griega Lisístrata.

«El género masculino se ha construido históricamente sobre la idea de poseer el cuerpo de las mujeres», señala la historiadora; de ahí la dimensión revolucionaria de combatir esa forma de dominio. En el siglo XIX, la anarquista Nelly Roussel convocó una «huelga de los vientres» para reivindicar el derecho a la anticoncepción y al aborto: sin protección, no habría sexo para sus maridos. Hoy, en la estela del #MeToo, el cuerpo vuelve a ser un campo de batalla simbólico.

En Asia, la ola ha adoptado un cariz más contestatario. En Corea del Sur surgió hace diez años el movimiento 4B, que extiende la negativa sexual a todos los ámbitos de la relación: sus seguidoras rechazan tener citas, mantener relaciones heterosexuales, casarse o ser madres. Su evolución, el 6B4T, va más allá: promueve el boicot a productos sexistas y el rechazo a los cánones de belleza y a la religión.

El movimiento ha traspasado fronteras y ha echado raíces en China, donde se ha convertido en una forma de resistencia silenciosa dentro de un régimen que controla de cerca cualquier disidencia de género.

En un país que promueve la maternidad como deber patriótico, «rechazar el matrimonio y la reproducción equivale a un acto subversivo», escribe la revista panasiática The Diplomat. «En Corea, el 6B4T es una elección de vida; en China, una forma de camuflar la protesta». Ante la censura digital, las feministas chinas recurren a foros cerrados y a memes cifrados para mantener vivo el movimiento.

Ni sexo ni cena

El movimiento, con sus variantes locales, también ha llegado recientemente a Nigeria. En la comunidad de Oviri Olomu, en el estado de Delta, las mujeres dejaron de tener sexo y de cocinar para sus maridos, en protesta por los ataques, violaciones y destrucción perpetrados por pastores armados que desde hace años siembran el terror en su región agrícola.

«No tendremos relaciones hasta que se garantice nuestra seguridad y nuestras tierras», recogía recientemente el diario local The Daily Post, recordando que la medida no es nueva en Nigeria. «Las huelgas sexuales han sido históricamente una forma de presión social cuando las instituciones fallan».

En un final que ya anticipó Aristófanes, la respuesta del jefe de la policía local no se hizo esperar: «Entendemos vuestro dolor. La policía no ignorará vuestros gritos. Organizaremos pronto una reunión entre los líderes fulani y los de vuestra comunidad para restaurar la paz», les prometió a los pocos días.

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