Praxis, ¿ciudad del futuro u otro «enclave feudal» para tecnobros?
Que unos criptoinversores hayan elegido Uruguay para hacer realidad su utopía tecnológica despierta más dudas que entusiasmo en el país

Una ciudad de «dos orillas, con siete kilómetros de costa sobre el Río de la Plata, la mitad del terreno reservado a zonas verdes y la conectividad a internet más rápida de la región», describía El Observador tras conocerse la noticia. El diario uruguayo no tardó en bautizarla como «la Silicon Valley del Río de la Plata». Es en esas 515 hectáreas junto a Colonia del Sacramento –una pintoresca localidad turística de arquitectura colonial situada frente a Buenos Aires, al otro lado del río– donde Praxis, una comunidad tecnológica respaldada por financiación cripto, ha firmado un acuerdo para levantar su primera ciudad física.
Su fundador y consejero delegado, Dryden Brown, de 30 años y antiguo surfista profesional, lo celebró sin medias tintas: «El tour mundial ha terminado: elegimos Uruguay. Es lo más genial que existe», declaró a The New York Times. Antes había descartado el Mediterráneo por su cercanía a conflictos activos y Groenlandia, donde –según contó a TechCrunch– se topó con el rechazo de la población. La inversión proyectada supera –según los desarrolladores– los 1.000 millones de dólares y contempla la llegada progresiva de unos 2.700 integrantes a partir de 2027.
De internet a un territorio propio
Surgida durante la pandemia en comunidades de internet vinculadas a la derecha y la «derecha alternativa», Praxis se inspira en el concepto de network state popularizado por Balaji Srinivasan, un modelo que también inspira Próspera, el enclave hondureño financiado, entre otros, por el inversor tecnológico Peter Thiel.
En 2024, Gizmodo ya la describió como «una versión de alta tecnología de Galt’s Gulch», la sociedad libertaria imaginada por Ayn Rand en La rebelión de Atlas. Respecto a Brown, el digital recuerda que abandonó la universidad y fue despedido de un fondo de cobertura antes de decidir que su misión sería construir una ciudad.
Para su desembarco en Uruguay, sin embargo, Brown ha adaptado el discurso al nuevo momento tecnológico. Ahora habla de reunir a «pioneros» para construir la «próxima era de la civilización humana», según un comunicado citado por Wired, que presenta el proyecto como una apuesta por la abundancia económica que sus defensores atribuyen a la inteligencia artificial general (IAG).
Entre sus financiadores figuran Apollo Projects, vinculado a Sam Altman, y Paradigm, uno de los principales fondos de capital riesgo del sector cripto. Entre sus «miembros», añade Wired, hay personas vinculadas a empresas como OpenAI, Anthropic, Tesla y SpaceX y a universidades como Harvard o Stanford.
El tamaño real de la comunidad resulta difícil de determinar. La diaria habla de 150.000 integrantes; The New York Times, de «más de 2.500»; y Wired, de 1.500. Pero datos internos citados por el propio Times y recogidos por el medio uruguayo En Perspectiva rebajan la cifra a apenas 431 miembros, frente a unas 12.000 personas que habrían expresado su «interés».
Una utopía nacida en Manhattan
Brown sitúa el germen de Praxis en el verano de 2020, cuando, encerrado en su apartamento de Nueva York, contemplaba con temor los saqueos que sacudían Manhattan, según recoge Architectural Record. «Hemos perdido el futuro porque hemos perdido el pasado», escribió ese mismo año en un ensayo publicado en la web de Praxis.
Para sumarse a la comunidad existe desde hace años la llamada «Steel Visa», una suerte de protociudadanía que se obtiene comprometiéndose a depositar 5.000 dólares en el futuro. En la revista especializada, la crítica Pansy Schulman resume con dureza la contradicción que percibe en el proyecto: pese a su discurso antijerárquico, en el centro de todo «solo hay un salvador: el propio empresario tecnológico».
Visto desde Montevideo
El anuncio ha despertado más recelo que entusiasmo entre algunos dirigentes políticos uruguayos. Pedro Leizagoyen, edil del gobernante Frente Amplio e integrante de la comisión que supervisa +Colonia, el gran proyecto urbanístico donde pretende instalarse Praxis, aseguró haberse enterado del acuerdo por la prensa. Su preocupación se centra, sobre todo, en que los integrantes de la comunidad, según advirtió, «mantendrán sus propios códigos culturales y sociales» dentro del predio.
La diputada Cecilia Badín fue más tajante: «No están en una zona liberada del país para que puedan hacer lo que ellos quieran». Fernando Gambera, responsable de Asuntos Internacionales del mismo partido, fue aún más lejos al hablar de «enclaves feudales»: «No me parece que sea el Uruguay que le estamos queriendo vender al mundo».
Una de las voces que sí ha respaldado abiertamente el proyecto es la del presidente Yamandú Orsi. Tras reunirse esta semana con Brown en Nueva York, lo presentó como una oportunidad de desarrollo urbano: «Uruguay generó un nuevo polo de atracción y el tercero va a tener que ser Colonia», declaró a El Observador. Eduardo Bastitta, el empresario detrás de +Colonia y asesor de Javier Milei, tampoco esconde su entusiasmo por «la visión» y «la historia» de Brown.
¿Utopía tecnológica o experimento político?
Fuera de Uruguay, el proyecto también despierta escepticismo. The New York Times recoge la opinión del historiador de Cornell Raymond Craib, especializado en este tipo de enclaves, que duda incluso de hasta qué punto deben tomarse en serio las ambiciones de Praxis: «Nunca sé si es un esfuerzo por trolear a los críticos o si va en serio».
Wired, por su parte, sitúa el caso uruguayo dentro de un fenómeno más amplio: la creciente concentración de poder en manos de las élites tecnológicas, que «podría socavar los principios de democracia, igualdad y soberanía, no solo en Uruguay, sino en diversas partes del mundo».