La revolución de los flamencos
La ola de protestas por la construcción del resort de Jared Kushner en Albania es «una lección para Europa», escribe The Guardian

En Albania, decenas de miles de personas se están movilizando desde finales de mayo contra la construcción de varias instalaciones turísticas en un humedal protegido de la península de Zvërnec, cerca de Valona. Los planes contemplan la edificación de un resort de lujo en la deshabitada isla de Sazan, un proyecto en el que está involucrado Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump, a través de su firma de inversión Affinity Partners.
El objetivo de esta ola de protestas, bautizada como la «revolución de los flamencos» –en alusión a una de las especies que habitan en la laguna, junto con focas y tortugas marinas–, es obligar al Gobierno a cancelar el proyecto para salvaguardar un espacio protegido de enorme valor ecológico.
El primer ministro albanés, Edi Rama, ha reiterado en varias ocasiones que seguirá adelante con el proyecto a pesar de las protestas. Argumenta que busca potenciar las infraestructuras turísticas del país en un momento de gran auge de visitantes. En una entrevista concedida al margen de la cumbre entre la Unión Europea y los Balcanes Occidentales, celebrada el 5 de junio en Montenegro, declaró: «Si no fuera por Jared, a nadie le importaría un bledo el resort».
La revolución de los flamencos
El proyecto, valorado en unos 5.000 millones de euros, también pone en jaque las negociaciones para la adhesión de Tirana a la Unión. Albania, junto con Montenegro, aspira a ingresar en la Unión Europea para 2030, una meta que, no obstante, dependerá de su capacidad para cumplir las normativas comunitarias, especialmente en materia de medio ambiente.
El 9 de junio, la Comisión Europea lanzó una advertencia en la que subrayaba que el proyecto infringiría las normas medioambientales de la Unión Europea, según informa el portal de noticias estadounidense Politico: «En el punto de mira de Bruselas se encuentran las modificaciones introducidas por Tirana en 2024 a la ley albanesa de áreas protegidas, que han abierto la vía a excepciones para macroproyectos inmobiliarios, entre ellos el de Kushner en el área protegida de Vjosa-Narta, para el cual no se ha realizado ninguna evaluación de impacto ambiental».
«Bruselas también alberga serias dudas sobre la ley de inversiones estratégicas de 2015, que garantiza procedimientos acelerados para determinados proyectos de gran envergadura a expensas de las normas medioambientales de la Unión», añade el portal.
Además, recientemente la Fiscalía Anticorrupción SPAK ha abierto una investigación sobre el origen de los fondos utilizados para adquirir los terrenos vinculados al proyecto en la península de Zvërnec.
Bruselas mira hacia la laguna
En un artículo titulado «Albania (no) está en venta», publicado en el portal de información kosovar Kosovo 2.0, la activista albanesa Sidorela Vatnikai relata cómo una pequeña protesta contra la instalación de una valla en el área protegida de Vjosa-Narta, durante la cual un manifestante fue agredido, se transformó en pocos días en una revuelta multitudinaria que se extendió por todo el país e incluso entre la diáspora albanesa en el extranjero.
«Todo esto ha sido posible porque la indignación de los ciudadanos no se limita a un único proyecto. Zvërnec es solo la última de una larga lista de intervenciones en las que los intereses económicos de los oligarcas albaneses y extranjeros prevalecen sobre el interés público, la protección del medio ambiente y la participación democrática de la ciudadanía», afirma Vatnikai.
La activista también destaca cómo las instituciones han ninguneado y ridiculizado las reivindicaciones de los manifestantes, valiéndose incluso de la difusión de bulos: «Entre otras cosas, se nos acusó de estar financiados por un lobby griego, e incluso una cadena de televisión nacional llegó a utilizar una imagen generada por inteligencia artificial para respaldar esa teoría. Las autoridades también han intentado tachar la protesta de antisemita para desviar la atención de nuestras verdaderas demandas».
La protesta que no cabía en una valla
Esta oleada de protestas está poniendo en serios aprietos a Rama, que lidera el Gobierno desde 2013 y a quien muchos acusan de no haber hecho lo suficiente para erradicar la corrupción y mejorar los servicios públicos, en especial la sanidad, en un contexto marcado por la escalada de precios y la crisis de la vivienda.
Según el portal de noticias albanés Mapo, «es evidente que, más que contra el proyecto de Zvërnec, la protesta se dirige contra la arrogancia y la opacidad del Ejecutivo y sus procesos de toma de decisiones. Los últimos acontecimientos demuestran que en Albania la verdadera oposición la encarnan ciudadanos descontentos con el Gobierno de Rama que, sin embargo, tampoco se sienten representados por la oposición de centroderecha liderada por Sali Berisha».
No obstante, el diario polaco Rzeczpospolita sostiene que es difícil que las protestas logren cambios significativos: «Los manifestantes dirigen su descontento tanto contra el primer ministro, Edi Rama, como contra el líder de la oposición, Sali Berisha, cuyos partidos apoyan el proyecto inmobiliario. En estos momentos, parece sumamente improbable que las protestas provoquen la dimisión de Rama. Su Gobierno es estable, goza de una mayoría holgada en el Parlamento y controla todas las instituciones clave».
Según el periódico griego Agonas tis Kritis, los manifestantes luchan contra una forma de neocolonialismo: «No estamos ante una mera cuestión de negocios, sino de soberanía. Lo que está en juego es la venta al mejor postor de un país a multimillonarios extranjeros y la pérdida del acceso a las costas para sus habitantes. Cuando un gobierno sacrifica su futuro por un resort de lujo, el pueblo tiene todo el derecho a defenderse con uñas y dientes».
Albania no está en venta
El portal de información serbio Pešćanik destaca que, a pesar de la enemistad que arrastran desde la guerra de Kosovo, Albania y Serbia comparten más de lo que imaginan, en alusión a las recientes movilizaciones por la justicia social y ambiental: «En 2025 [N. del T.: se trata de un error cronológico en el original, dado que el texto se refiere en pasado a movilizaciones ocurridas en años anteriores], en Serbia las protestas populares, la intervención de expertos y el respaldo de una parte de las instituciones forzaron la cancelación de otro desarrollo inmobiliario de Kushner en la capital, Belgrado, además de la imputación de varios funcionarios públicos. Se trata de un precedente de gran relevancia para la sociedad civil albanesa».
Lea Ypi, de la London School of Economics, elogia a los manifestantes albaneses en un artículo publicado en el rotativo británico The Guardian: «Por una vez, Albania no tiene que ir a remolque de Europa: puede liderarla. Una generación dispuesta a movilizarse por un modelo de desarrollo alternativo, que rechaza la apropiación oligárquica del Estado y vincula la preservación del medio ambiente con la legitimidad democrática, no debería infundir temor, sino ser motivo de celebración. En lugar de convertirse en “como el resto de Europa”, por citar un viejo eslogan, Albania podría dar al viejo continente una lección de respeto por sí misma».