Sin aviones en el verano más caliente

Con el combustible disparado, las aerolíneas improvisan: recargos, cancelaciones y pilotos que vuelan más despacio para ahorrar

Sin aviones en el verano más caliente
Un empleado reposta combustible en un avión de pasajeros recién llegado a Chongqing, China. Foto: Costfoto | NurPhoto | AFP
Página Internacional

El sector de la aviación vive un frenesí de medidas drásticas para hacer frente al encarecimiento del combustible, provocado por la escasez global derivada del conflicto en Oriente Próximo. En las últimas semanas, el precio del crudo ha pasado de una horquilla de entre 85 y 90 dólares por barril a otra de entre 150 y 200, un salto que golpea de lleno al transporte aéreo ya que este insumo puede suponer «hasta una cuarta parte de sus gastos operativos», recuerda The Independent.

En el centro de la crisis está la interrupción de la principal ruta mundial de abastecimiento de petróleo, que atraviesa el estrecho de Ormuz. «Aproximadamente el 75% del suministro procede de Oriente Próximo», lo que hace al sector especialmente vulnerable a cualquier bloqueo, explica el diario británico. Precisamente ayer, el presidente Donald Trump anunció una intervención para reabrir por la fuerza el paso marítimo, aunque aún está por ver si logrará su objetivo, complejo en términos militares.

Cada aerolínea elige su trinchera

Mientras tanto, y con el mapa aéreo en recomposición, las compañías han respondido a la crisis con una batería de medidas de lo más variada. Algunas tratan de proteger al cliente frente a costes adicionales; otras han optado por trasladar la presión directamente al precio del billete.

La compañía irlandesa EasyJet, por ejemplo, ha asegurado que no añadirá recargos a vuelos o paquetes ya contratados y que sus clientes podrán reservar «sin preocuparse» de recibir sorpresas. En el sentido opuesto, Air France-KLM prevé subir los billetes de larga distancia 50 euros por trayecto de ida y vuelta. Otras compañías, como American Airlines, Delta, Southwest y JetBlue han elevado las tasas de equipaje, detalla The Independent.

La alemana Lufthansa ha elegido una vía más expeditiva: cancelará 20.000 vuelos en seis meses para ahorrar 40.000 toneladas métricas de combustible. En China, el Shanghai Observer describe cómo muchos vuelos reservados con antelación para las vacaciones del Primero de Mayo fueron «cancelados de forma repentina», según han contado los propios usuarios en redes sociales.

Quién paga el pato

«Yo no inicié la guerra en Irán. ¿Por qué tengo que sufrir las consecuencias?», se lamenta József Váradi, director ejecutivo de la low-cost Wizz Air, en el Financial Times. La pregunta resuena en toda la industria.

Para reducir el consumo, las aerolíneas han empezado a ajustar incluso detalles casi imperceptibles para el pasajero. Un piloto citado por el semanario chino Economic Observer cuenta que su compañía ordenó rebajar el «índice de coste», lo que implica volar algo más despacio para consumir menos. También se anima a los pilotos a solicitar una altitud mayor siempre que sea posible: «Cuanto más alto se vuela, menor es la resistencia del aire y más combustible se ahorra», explica un experto.

«Esto antes no pasaba», se queja el piloto. Ahora escucha por la radio cómo otros comandantes también piden ganar altura en sus trayectos. En tierra, otra compañía ha pedido a sus equipos de mantenimiento que utilicen alimentación eléctrica externa para evitar consumir combustible del propio avión.

La crisis se extiende como una marcha de aceite. The Observer señala que el tráfico en los aeropuertos regionales de Europa se mantiene un 30% por debajo de los niveles previos a la pandemia: una «amenaza existencial» si las aerolíneas siguen reduciendo frecuencias y aumentando tarifas, ya que la demanda en esas rutas suele ser especialmente sensible al precio.

Un acuerdo que no despega

En la mirada de todos está la negociación entre Estados Unidos e Irán, que, según Foreign Policy, avanza como «una partida del juego de la gallina». Ambos países «quieren un acuerdo», pero «siguen actuando como si no lo quisieran», juzga la revista estadounidense. Mientras tanto, Ormuz se ha convertido en «la versión navegable de un arma nuclear», por su potencial de disrupción en la economía global.

En Europa, Bruselas ha respondido con medidas para «optimizar la distribución de combustible de aviación entre países» y limitar los desabastecimientos. Pero la propia Comisión ya ha vaticinado «un verano difícil», incluso en el mejor de los escenarios.

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