Aquí ya nadie necesita motores de combustión
Etiopía fue el primer país del mundo en prohibir la importación de coches de gasolina y diésel. ¿Visionarios o locos?
¿Alegrarse de la desgracia ajena? De ninguna manera. Nathan Muluken asegura que no siente el menor deleite ante el sufrimiento de los demás mientras acelera brevemente para adelantar, con un suave zumbido, a un ruidoso autorickshaw. Al contrario: cuando pasa junto a las hileras de vehículos de más de un kilómetro que aguardan frente a las gasolineras de la ciudad, lo que siente es profunda lástima. Conoce bien esa frustración, lo exasperante que resulta perder tiempo y dinero por unos pocos litros de combustible. Las largas esperas para repostar no son ninguna novedad en Etiopía. «Pero nunca se había llegado a un extremo tan grave como el de ahora».
Nathan confiesa que simplemente se alegra de que ese calvario haya dejado de afectarle desde que estrenó coche: un vehículo eléctrico. Fue a finales de enero, un mes antes de que estallara el conflicto entre Estados Unidos e Irán y de que el mundo entero aprendiera a situar en el mapa el estrecho de Ormuz. Visto en retrospectiva, admite, fue una compra providencial.
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