La locura adolescente es una bendición
Corren a toda velocidad, arriesgan, se rebelan y sacan de quicio a sus padres. Pero todo eso tiene una razón de ser

Son fascinantes. Desconcertantes. Un hervidero de ideas. Y, según cómo se mire, también irritantes, rebeldes e ingobernables. Los adolescentes despiertan tanta admiración como desesperación. Basta con ver el clásico Rebelde sin causa, de 1955, en el que James Dean, en el papel de Jim, se enfrenta a un rival en una carrera de coches a vida o muerte, para comprender que siempre ha sido así. La pubertad abre una brecha entre generaciones. Los héroes que nuestros abuelos admiraban en su juventud hoy los sacarían de sus casillas. Los mirarían escandalizados, meneando la cabeza. ¿Es que estos jóvenes están completamente locos?
Completamente, no. Un poco, sí. Así son las cosas. Y está bien que así sea. No lo dicen solo los propios adolescentes, sino también los científicos que los estudian. Porque cuanto más se descubre sobre ese fascinante fenómeno que es la pubertad, más claro resulta que esta etapa de la vida es nada menos que un prodigio hormonal y neurobiológico, lleno de sorpresas y desafíos, sí, pero también de sentido. Y mucho más complejo de lo que se creía.
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