¿Dónde están los grandes novelistas de este siglo?
La novela literaria ha desaparecido de las listas de superventas. La culpa es de la propia industria editorial, apunta Owen Yingling
Últimamente se ha hablado mucho del «declive del escritor literario (heterosexual) (blanco)». A estas alturas, aportar una nueva opinión al debate –algún enfoque ingenioso que haga equilibrios entre la provocación y lo políticamente correcto– tiene cada vez menos interés. El problema de estos artículos (y del debate en su conjunto) es que ninguno va lo bastante lejos.
Hay un abismo entre la fama que alcanzaron Mailer, Updike, McCarthy, Foster Wallace, Franzen y compañía y el reconocimiento del que gozan quienes hoy reciben becas y publican en The New Yorker o The Paris Review. Pese a ello, la principal queja de quienes salen en defensa de los escritores varones es que se les niegan injustamente esas becas y publicaciones por el hecho de ser hombres. Estoy seguro de que sufren discriminación, pero, aunque se corrigiera esa situación, lo único que se conseguiría sería sustituir a un grupo de personas de las que nunca has oído hablar por otro grupo de personas igualmente desconocidas, solo que con otros genitales.
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