Me secuestraron unos idiotas en Irak
Un viaje académico a Bagdad se convirtió, de pronto, en una lección sobre la brutalidad de los regímenes autoritarios
Cuatro hombres me examinaron la boca en busca de dispositivos de rastreo implantados. Les había asegurado que no llevaba ninguno y que, hasta donde yo sabía, esas cosas solo existían en las películas. Me preguntaron si tenía empastes. Les dije que sí. Volvieron a mirar. «No, no tienes», me corrigió uno de ellos, al no encontrar ningún destello plateado. Mis empastes son blancos. Los cuatro hombres, vestidos de oscuro, con ropa de civil y pasamontañas, parecían convencidos de que aquellos empastes, cuya existencia desconocían, podían poner en peligro la seguridad de sus operaciones. Fue entonces cuando comprendí que mi secuestro iba a ser un poco distinto.
Me secuestraron violentamente el 21 de marzo de 2023 en las afueras de Bagdad, donde me encontraba realizando trabajo de campo para mi doctorado en la Universidad de Princeton. Cuando mis captores me llevaron a la celda, cortaron las ataduras que me sujetaban los brazos y las piernas y me retiraron la bolsa de tela que me cubría la cabeza. La prisión clandestina a la que me habían trasladado estaba controlada por Kataib Hezbollah, una milicia iraquí respaldada por Irán.
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