Por favor, no se empujen al matar
En una aldea de China, los turistas recrean la guerra contra el odiado vecino japonés
Retumban disparos de cañón. Un hombre con uniforme azul recarga su fusil, apunta y dispara. El humo se arrastra sobre la explanada de arena. A un lado se alza una imponente puerta de la ciudad antigua, coronada por una pagoda china. Los muros están ennegrecidos por el hollín del combate. Delante de ellos se han atrincherado soldados japoneses, tumbados tras sacos de arena. Uno recibe un impacto y cae. Al otro lado, un soldado chino recarga. Otro estruendo. «¡Vamos!», grita.
Entonces, cientos de personas avanzan al asalto: los niños con fusiles de juguete van por delante; los padres con coloridas chaquetas señalizadas, van detrás. Todos han estado esperando este momento. Algunos han viajado miles de kilómetros hasta aquí, hasta esta pequeña aldea del condado de Yinan, en la provincia oriental de Shandong, para matar a tiros a unos cuantos japoneses. Muchos graban, algunos tropiezan, otros les pasan corriendo por encima; todos gritan «sha, sha» – ¡matadlos, matadlos! –.
¿Quieres seguir leyendo?