La epidemia y la cruzada
Un brote de sarampión en Texas ilustra cómo los antivacunas han cobrado más fuerza que nunca en Estados Unidos

Cuando Rebecca Hardy habla de su lucha contra la vacunación, enseguida menciona a Dios. «Él me ha llamado para cumplir esta tarea», afirma. «Lo que hago es una misión y, en muchas ocasiones, trabajo pastoral». Es un apacible día de invierno cuando Hardy entra en una cafetería al norte de Dallas. En el aparcamiento descansa su todoterreno plateado con la matrícula LIB3RTE. Le lloran los ojos mientras se deja caer en una silla de la terraza exterior. «Creo que tengo alergia al cedro», comenta.
Rebecca Hardy es delgada y tiene 49 años. Y quiere explicar cómo ella –una mujer que se describe a sí misma como más bien apolítica– acabó por convertirse en una de las líderes de un movimiento que está transformando a Estados Unidos. Sobre todo desde que Robert F. Kennedy Jr. ocupa la Secretaría de Salud. El gran escéptico de las vacunas es ahora responsable de la salud de casi 350 millones de personas.
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