La mundana visión de Elon Musk para salir a cenar
El nuevo restaurante de Tesla no encarna el futuro, sino la idea que el pasado tenía del futuro

La escalera de caracol que conduce a la terraza del restaurante de Tesla en Los Ángeles es bonita, o al menos claramente costosa. Cada peldaño está iluminado por pantallas y luces con un brillo difuso en la base, y todo el conjunto tiene su propia banda sonora: una composición de bleeps y blops a ritmo lento, en marcado contraste con el rock de viejo cuño que suena en la sala principal. En las paredes, vitrinas de cristal exhiben robots de tamaño humano. El resto del espacio está cubierto por un plástico blanco, liso e inmaculado. Como tantos interiores hoy en día, la escalera parece pensada para incentivar los selfies.
Cuando lo visité una tarde el mes pasado, un empleado se encontraba apostado en lo alto de la escalera con una única petición: quienes quisieran regresar a la Tierra –por favor– debían usar el ascensor. La escalera era demasiado estrecha para el tráfico en ambos sentidos; la gente se chocaba. Aquel elegante espiral luminoso podía hacer muchas cosas –deslumbrar, impresionar, salir bien en Instagram–, pero no cumplir con su función más básica y elemental: permitir que las personas suban y bajen caminando de forma segura y sencilla.
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