Lo que aprendí sobre los multimillonarios en el retiro privado de Jeff Bezos
Para los hombres más ricos del planeta, todo es gratis y nada importa, escribe Noah Hawley

Al final de Pozos de ambición, la película de Paul Thomas Anderson de 2007, el barón del petróleo interpretado por Daniel Day-Lewis –ya viejo y más rico que Creso–, mata a golpes con un bolo al predicador interpretado por Paul Dano. Eli Sunday, el personaje de Dano, había sido durante los años decisivos de enriquecimiento la némesis de Daniel Plainview, el personaje de Day-Lewis, y ha ido ahora a venderle unas tierras ricas en petróleo que Plainview codiciaba tiempo atrás. Pero Plainview ya no necesita esas tierras porque –como explica en uno de los monólogos más famosos del cine moderno– ha sorbido todo el petróleo oculto bajo ellas desde una propiedad colindante, como si se tratase de un licuado.
Desesperado por conseguir dinero, Eli le suplica un préstamo. Plainview, en lugar de ayudarlo, lo persigue por una bolera y lo asesina con entusiasmo. Una vez terminado el asunto, un mayordomo se acerca para ver a qué venía tanto ruido. «He terminado», grita Plainview.
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